Pasando a un tema mucho mas serio, recientemente me tropecé con un excelente libro que toca un delicado tema; el suicidio.
Que es lo que lleva a alguien a cometer tal acto? Que es lo que les pasa por la cabeza, porque pensar que ese es el único camino posible de seguir? Si Dios nos puso en este mundo fue por algo, y si el todo lo sabe, acaso sabe que tal persona acabara con su propia vida?
En una ocasión, cuando adolescente, yo lo intente, y todas las anteriores preguntas no se las podría contestar. Nadie nunca entendería el estado de mente de un suicida, al menos que sea psicólogo. Recordando lo sucedido, no tengo nada claro. Lo que si se, es que la depresión es muy traicionera, y la mente es lo mas poderoso que tenemos como seres humanos.
En el libro, el autor Paulo Coelho, habla de una joven, Verónika, que decide que acabar con su vida es la mejor solución, y no porque tenga problemas, sino por la maldita rutina. Cuantos de nosotros somos victimas de la rutina? Desde el trabajo, la familia, las amistades, los lugares que frecuentamos, todo se vuelve mecánico. Hacemos las cosas ya no porque las disfrutemos, sino por costumbre, por hábito. Aun así, nada justifica un suicidio, pero es interesante (mas si has pasado por lo mismo) escuchar el razonamiento detrás de ello. Lo siguiente es parte del libro, esto es después de que la protagonista intenta suicidarse con píldoras, pero falla, y es internada en un hospital psiquiátrico:
Estoy viva, pensó Verónica. Va a empezar todo otra vez. Tendré que pasar un tiempo aquí adentro, hasta que comprueben que estoy perfectamente normal. Después me darán de alta, y volveré a ver las calles de Ljubljana, su plaza redonda, los puentes, las personas que pasan por las calles yendo y volviendo del trabajo.
Como las personas siempre tienden a ayudar a las otras- solo para sentirse mejor de lo que realmente son-, me volverán a emplear en la biblioteca. Con el tiempo volveré a frecuentar los mismos bares y discotecas, conversare con mis amigos sobre las injusticias y los problemas del mundo, iré al cine, paseare por el lago.
Continuaré siendo joven, inteligente, bonita, y no tendré dificultades para conseguir novio. Haré el amor con el en su casa, o en el bosque, obtendré un cierto placer, pero después del orgasmo el vació volverá. Ya no tendremos mucho sobre que conversar, y tanto el como yo lo sabemos: llega el momento de darnos una disculpa mutua (es tarde o mañana tengo que levantarme temprano) y partiremos lo mas pronto posible, evitando mirarnos a los ojos.
Yo vuelvo a mi cuarto alquilado. Intento leer un libro, enciendo el televisor para ver los mismos programas de siempre, coloco el despertador para despertarme exactamente a la misma hora que el día anterior, repito mecánicamente las tareas que me son confiadas en la biblioteca. Como el sándwich en el jardín frente al teatro sentada en el mismo banco junto con las mismas personas que también escogen los mismos bancos para almorzar, que tienen la misma mirada vacía, pero fingen estar ocupados con cosas importantísimas.
Después vuelvo al trabajo, escucho algunos comentarios sobre quien esta saliendo con quien, quien esta sufriendo tal cosa, como tal persona lloró por culpa del marido, y me quedo con la sensación de que soy bonita, tengo empleo y consigo el amante que quiero. Después regreso a los bares hacia el fin del día, y después todo vuelve a empezar.
Mi madre (que debe de estar preocupadísima por mi intento de suicidio) se recuperará del susto y continuará preguntándome que voy a hacer de mi vida, porque no soy igual a las otras personas ya que, al fin y al cabo, las cosas no son tan complicadas como yo pienso que son.
Un día me canso de oírle repetir lo mismo y, para contentarla, me caso con un hombre a quien yo misma me impongo amar. Ambos terminaremos encontrando una manera de soñar juntos con nuestro futuro, la casa del campo, los hijos, el futuro de nuestros hijos. Haremos mucho el amor el primer año, menos el segundo, a partir del tercero quizás pensaremos en el sexo una vez cada quince días y transformaremos ese pensamiento en acción apenas una vez al mes. Y, peor que eso, apenas hablaremos. Yo me esforzare por aceptar la situación, y me preguntare en que he fallado, ya que no consigo interesarlo, no me presta la menor atención y vive hablando de sus amigos como si realmente si fuesen todo su mundo.
Cuando el matrimonio este apenas sostenido por un hilo, me quedare embarazada. Tendremos un hijo, pasaremos algún tiempo más próximos uno del otro y pronto la situación volverá a ser como antes.
Entonces empezare a engordar, y empezare a hacer régimen, sistemáticamente derrotada cada día, cada semana, por el peso que insiste en aumentar a pesar de todo el control. A estas alturas, tomare algunas drogas mágicas para no caer en la depresión y tendré algunos hijos en noches de amor que pasan demasiado de prisa. Diré a todos que los hijos son la razón de mi vida, pero, en verdad, ellos exigen mi vida como razón.
La gente nos considerara siempre una pareja feliz y nadie sabrá lo que existe de soledad, de amargura, de renuncia, detrás de toda esa apariencia de felicidad.
Hasta que un día, cuando mi marido tenga su primera amante, yo tal vez protagonice un escandalo, o piense nuevamente en suicidarme. Pero entonces ya seré vieja y cobarde, con dos o tres hijos que necesitan mi ayuda y debo educarlos, colocarlos en el mundo, antes de ser capaz de abandonar todo. Yo no me suicidare: haré un escándalo, amenazare con irme con los niños. El, como todos los hombres, retrocederá, dirá que me ama y que aquello no volverá a repetirse. Nunca se le pasara por la cabeza que, si yo resolviese realmente irme, la única elección posible seria la casa de mis padres, y quedarme allí el resto de la vida teniendo que escuchar todos los días a mi madre lamentándose porque perdí una oportunidad única de ser feliz, que el era un excelente marido a pesar de sus pequeños defectos y que mis hijos sufrirían mucho por causa de la separación.
Dos o tres años después, otra mujer aparecerá en su vida. Yo lo descubriré (porque lo veré o porque alguien me lo contara), pero esta vez fingiré ignorarlo. Gaste toda mi energía luchando contra la amante anterior, no sobro nada, es mejor aceptar la vida tal como es en realidad y no como yo la imaginaba. Mi madre tenía razón.
El seguirá siendo amable conmigo, yo continuare mi trabajo en la biblioteca, con mis sándwiches en la plaza del teatro, mis libros que nunca consigo terminar de leer, los programas de televisión que continuaran siendo los mismos de aquí a diez, veinte o cincuenta años.
Solo que comeré los sándwiches con sentimiento de culpa, porque estoy engordando; y ya no iré a bares, porque tengo marido que me espera en casa para cuidar a los hijos. A partir de ahí, todo se reduce a esperar a que los chicos crezcan y pensar todos los días en el suicidio, sin valor para llevarlo a cabo. Un buen día, llego a la conclusión de que la vida es así, de que es inútil rebelarse, de que nada cambiara. Y me conformo.
Sin duda, esto me hizo pensar en muchas cosas. Puedo identificarme un poco con Verónika, pues al igual que ella, odio la rutina. Pero también, no se puedo vivir con miedo. He superado los viejos fantasmas, y no volvería intentar el suicidio. La vida me ha dado otra oportunidad por alguna razón que desconozco, pero de igual manera no pretendo desaprovecharla.
Thursday, October 11, 2007
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1 comment:
K buena onda tu tema francesa!!! al igual k tu y Veronika yo tambien alguna vez me paso por la mente el pinche suicidio. Y todo por el divorcio de mis papas!!! y ahorita ellos estan muuuy felices cada kien por su lado, mi mama felizmente casada y mi papa con varias novias!!! Osea y yo en la depre???? Noooop! k hueva!!! y asi es...no hay de otra mas k aceptar lo k nuestro "CHUYITO NOS MANDA" al fin de todo el es el uniko k sabe por k nos manda las cosas..........
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